Siempre nos quedará Fitzgerald

Después de la última lectura, necesitaba un poco de “droga dura” literaria y El Gran Gatsby (Panorama de Narrativas, Ed. Anagrama, octubre 2011; traducción y epílogo de Justo Navarro), de Francis Scott Fitzgerald, ha desempeñado ese papel a la perfección: como una cerveza fría a cuarenta grados.

Muchos de nosotros somos incapaces de separar el título de este (ya) clásico, de Robert Redford y Mia Farrow en la adaptación cinematográfica de Jack Clayton de 1974. No he visto el resto de versiones pero me apetece la que prepara para este mismo año el algo excesivo Baz Luhrmann con Leonardo Di Caprio como Jay Gatsby. Aún con todo, una vez más, las letras superan con creces las imágenes: qué podría deciros…qué gozada de libro!!!.

Supongo que la historia es para casi todos conocida: en los inicios de los felices veinte -la Edad del Jazz, de los excesos, justo antes de la Gran Depresión- Jay Gatsby se instala en una espléndida mansión en Long Island donde organiza fiestas por todo lo alto a las que ser o no invitado da exactamente igual; solo importa el estar. Por sus jardines se pasea toda la clase alta de los alrededores, bebiéndose su champagne, bailando su música, conformando un cuadro perfecto de lo que debían ser aquéllos años. Vestidos, coches magníficos, derroche, frivolidad e hipocresía compartiendo veladas interminables bajo la atenta y, de algún modo condescendiente, mirada del anfitrión.

El halo de misterio que rodea a Gatsby es el alimento perfecto para esa jauría hambrienta de novedad, hastiada de sí misma y de su superficial existencia. Deseosa de cobrarse una pieza que despedazar. Gatsby lo sabe y entra en su juego. Es consciente de que mantenerse a una distancia prudencial le otorga cierta ventaja, le permite mirar desde arriba, desde lo alto de la escalera.

Prueba de las románticas especulaciones que inspiraba era que murmuraban a su costa aquellos que habían encontrado en este mundo poco sobre lo que poder murmurar (pág. 54).

Gatsby se mantiene al margen. Esas fiestas son su creación, su forma de demostrar al mundo que ha llegado todo lo lejos que se puede llegar; en todo caso, lo suficientemente lejos para recuperar el amor de Daisy de la que le separaron la guerra y la pobreza. Gatsby siempre tuvo el convencimiento de que no era lo suficientemente bueno para ella. Por eso dedicó años de su vida a reinventarse a sí mismo; o más bien a crearse a sí mismo, desde la nada. El auténtico sueño americano. Y ahora que ha llegado a la cima del mundo se presenta ante Daisy para ponerlo a sus pies. Pero no se da cuenta de que ella siempre lo tuvo.

En este universo crepuscular volvió Daisy a moverse cuando empezó la temporada; de pronto se vio de nuevo con seis citas al día con seis hombres distintos, y cayéndose de sueño al amanecer, con las cuentas y gasas del vestido de noche hechas una maraña en el suelo, entre las orquídeas moribundas. Y algo en su interior nunca dejaba de exigirle una decisión. Quería que su vida tomara forma ya, inmediatamente, y la decisión había de ser impuesta por alguna fuerza -amor, dinero o indiscutible sentido práctico- al alcance de su mano. (Pág. 159).

Daisy es ahora la Sra de Tom Buchanan. Ambos forman parte, por derecho y por nacimiento, de ese mundo al que Gatsby es ajeno y al que nunca llegará a pertenecer. Simplemente porque la entrada al mismo no puede comprarse. El tener indecentes cantidades de dinero le permite a uno acercarse, pero solamente eso: como el agua y el aceite. Jay Gastby es, en definitiva, un nuevo rico, un desarraigado, casi un intruso. Y al fin y a la postre, nunca dejará de sentirse así.

El narrador de la historia es Nick Carraway, un personaje algo gris que “pulula” entre los dos mundos. Su casa está al lado de la de Gatsby…aunque separada de ésta por una invisible barrera de miles de kilómetros. Amigo de los Buchanan, le hará sin embargo a Gatsby el papel de alcahueta propiciando el reencuentro de éste con Daisy. Todo lo que sabemos de Gatsby nos lo cuenta Nick de primera mano. Por él conoceremos sus misterios, su pasado. Nos enseñará a ese Jay Gatsby espléndido, inmenso, pero también a ese Gatsby inseguro, acomplejado y obsesionado con recuperar lo irrecuperable: el pasado. Es el hombre hecho a sí mismo que, sin embargo, no ha sabido mirar hacia adelante.

!Casi cinco años! Incluso aquella tarde tuvo que haber algún momento en que Daisy no estuviera a la altura de sus sueños, no tanto por culpa de la propia Daisy, sino por la colosal vitalidad de su propia ilusión. Su ilusión iba más allá de Daisy, más allá de todo. Y a esa ilusión se había entregado Gatsby con una pasión creadora, aumentándola incesantemente, engalanándola con cualquier pluma que cogiera al vuelo. No hay fuego ni frío que pueda desafiar a lo que un hombre guarda entre los fantasmas de su corazón (pág 106).

Tom Buchanan es exactamente lo contrario que Jay Gatsby: uno de esos tipos que parece ser lo que se debe ser en cada momento, y que ostenta con ofensiva naturalidad lo que otros son incapaces de alcanzar por mucho que se empeñen en ello. Vive su perfecta vida con su perfeta mujer. Y por supuesto tiene como amante a una estúpida de medio pelo a la que trata como una propiedad suya: quizás porque realmente es así. Supongo que para cualquier Tom sería muy sencillo deslumbrar a cualquier Myrtle, sacándola por unas horas a la semana de su monótona, pobre y triste vida. Al igual que Gatsby -y que Ícaro- recibirá un enorme castigo por intentar acercarse demasiado al paraíso.

El Gran Gatsby es un retrato social perfecto, una visión del sueño americano pero también de la decadencia moral de los que han llegado a la cima. Los Buchanan están dentro de ese círculo cerrado e inaccesible que guarda las miserias y debilidades propias de la endogamia y el aburrimiento, de la doble moral y la necedad. Forman parte de ese grupo escogido que solo tiene que preocuparse por vivir: por vivir en la certeza de que lo suyo es lo perfecto, lo adecuado. Ese modus vivendi, esa banalidad, aparecen condensadas en una frase de Daisy: -¿Qué vamos a hacer esta tarde? -…-. ¿Y mañana, y en los próximos treinta años?.

Quizás sea ese aburrimiento, ese “vacío” que en realidad siente Daisy lo que la lleva, aunque sea de forma pasajera, a dejarse impresionar por Gatsby. Pero la fatalidad la vuelve cobarde y no es capaz de enfrentarse a ese mundo que la rodea, precisamente porque forma parte del mismo. Al igual que su marido, su complemento perfecto. Como nos cuenta el narrador: No podía perdonarlo ni demostrarle simpatía, pero entendí que, para él, lo que había hecho estaba totamente justificado. Sólo era deconsideración y confusión: Tom y Daisy eran personas desconsideradas. Destrozaban cosas y luego se refugiaban detrás de su dinero o de su inmensa desconsideración, o de lo que los unía, fuera lo que fuera, y dejaban que otros limpiaran la suciedad que ellos dejaban… (pág. 190).

Fitzgerald nos enseña algo de la crueldad humana: nos pone delante a Jay Gatsby, a Myrtle y a su marido, el casi miserable Wilson, todos ellos piezas con las que jugar al ajedrez, diversión pasajera, posesiones de las que valerse para llenar las horas del día. Y es un genio moviendo los personajes. No sobra ni falta ninguno; todos tienen su razón de ser en esta espléndida novela. Su argumento engancha. Como decía, existen libros que no puedes dejar de leer y encima son buenos, geniales. 

El Gran Gatsby nos habla además de los sueños y de la ilusión; de la necesidad de perseguir algo y de lo pobre que es la existencia cuando uno cree que la vida es únicamente lo que tiene delante de las narices. Y de mucho más. El propio Fitzgerald dijo de El Gran Gatsby “he escrito la mejor novela de los Estados Unidos de América”. No sé si será para tanto. Pero ya sabéis que no me gusta contradecir a los grandes.

Termino con el espléndido final de la novela. No se me ocurre otra forma mejor de hacerlo.

Muchas gracias. Por lo de siempre.

Y, allí, pensando en el viejo mundo desconocido, me acordé del asombro de Gatsby cuano descubrió la luz verde al final del embarcadero de Daisy. Había hecho un largo camino hasta aquel césped azul y su sueño debió de parecerle tan cercano que dificilmente podía escapársele. No sabía que ya lo había dejado atrás, en algún sitio, más allá de la ciudad, en la vasta tiniebla, donde los oscuros campos de la república se extienden en la noche.

Gatsby creía en la luz verde, el futuro orgiástico que año tras año retrocede ante nosotros. Se nos escapa ahora, pero no importa, mañana correremos más, alargaremos más los brazos y llegarán más lejos…Y una buena mañana…

Así seguimos, golpeándonos, barcas contracorriente, devueltos sin cesar al pasado. (Pág 191-192).

Anuncios

4 comentarios el “Siempre nos quedará Fitzgerald

  1. Yo la he releído en digital este verano. Una lamentable traducción cuyo autor prefiero callar por algo parecido a la piedad.
    Has hecho una magnífica disección de un hito literario. A mí me parece que lo más patético es la búsqueda de gente para acompañar al muerto en sus últimos instantes entre los vivos. Ver que todos sus amigos se quitan de enmedio porque el pragmatismo de ese grupo no tiene nada que esperar de un muerto.
    Más que sueño, pasadilla americana, pesadilla que estamos viendo desde muy cerca en nuestra época.

    Un abrazo,

    AG

    • Dianaorsini dice:

      Alberto,

      como es habitual, tienes mucha razón en todo lo que dices (y no me refiero a tu cumplido, por supuesto). Las traducciones con capaces de destrozar obras estupedas. En tu caso, ha sido una suerte que se tratara de una relectura. La de J. Navarro me ha parecido estupenda y eso que es la primera vez que me enfrento a Gatsby. Creo, snceramente, que los buenos traductores son, al tiempo, buenos escritores. Quizás solo les falta el empuje necesario para enfrentarse a una hoja en blanco en lugar de a un texto escrito por otros. In any case, tienen toda mi admiración y, sobre todo, mi gratitud.
      Haces bien en recordar esa parte final del libro en la que Nick busca desesperadamente “amigos” de Gatsby dispuestos a darle el último adiós. No los encuentra porque me temo que nunca los hubo…han sido relaciones superficiales e interesadas; pragmáticas, en definitiva, como tú apuntas.
      En muchos aspectos, la lectura de Gatsby me ha parecido de lo más actual. Para bien y para mal, por nuestras tierras pulukan hoy multitud de Gatsbies (con mucho menos encanto, me temo), Myrtles, Daisies, Toms etc….una jungla que se repite y repite…
      Muchísimas gracias por tu comentario. Espero que nos encontremos pronto en el blog de amm. Últimamente solo os leo, el tiempo no me da para más.
      Un abrazo.

  2. Me pregunto qué obra magna estás leyendo, que tardas tanto en reaparecer. ¿Las dichosas cincuenta sombras? ¿El Ulises? ¿La Biblia en pasta?
    Venga mujer, escribe algo o da señales de vida.

    AG

    • Dianaorsini dice:

      Querido Alberto,
      ya me gustaría tener tiempo (y capacidad) para leer el Ulises!!!!. De las sombras tuve más que suficiente con el primer volumen…
      La verdad es que estoy hecha un desastre!!! lo que significa que dedico muy poco tiempo a lo que quiero y mucho a lo que debo. Pero prometo post para este fin de semana; de un libro muy muy curioso que descubrí, cómo no!!, gracias a una recomendación del blog de antoniomm.
      Sobre todo, agradezco tu interés y no sabes cuánto. En este mundo tan “irreal” e impersonal que nos ha tocado vivir (y que hacemos entre todos, me temo) es más que agradable descubrir que alguien, en alguna parte, se interesa por algo tuyo.
      Un fuerte abrazo y lo dicho: nos “leemos” muy muy pronto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s