Antes de El Mapa y el Territorio

LLevo tiempo (ahora que lo pienso, casi un año) con la intención de leer El Mapa y el Territorio, la última novela hasta la fecha de Michel Houellebecq y que valió al escritor francés el Premio Goncourt el pasado año. Pero como tenía ciertas reservas, he decidido comenzar a adentrarme en el universo Julebé (con permiso de SAP, nick del creador del término y personaje listo e ingenioso donde los haya http://lavidaconestagente.blogspot.com.es/  que encima escribe estupendamente) a través de Las partículas elementales (Ed. Anagrama. Colección Compactos 15ª edición, mayo 2011. Traducción de Encarna Castejón). Y aún lo estoy digiriendo. Quizás por lo rápido que lo he leído. Una auténtica pena terminarlo tan pronto…

Seguro que muchos de vosotros lo habéis disfrutado antes que yo. No sé si compartiréis mi opinión pero a mí me ha entusiasmado. De principio a fin. He encontrado todo lo que esperaba de Houellebecq y aún más.

El hilo conductor de Las Partículas Elementales es la historia de Michel y Bruno, dos personajes que, en principio, solo comparten madre aunque, en realidad, ambos son producto de los mismos efectos perversos de la sociedad que les ha tocado vivir; y ambos son hijos de la revolución sexual de la que nos hablaba Martin Amis en su Viuda Embarazada.

Houellebecq es, en cierto modo, determinista. Quizás por eso los descendientes de la frívola Janine Ceccaldi están predestinados desde su nacimiento a sufrir una orfandad emocional que los convertirá en seres asociales. Cada uno a su manera, eso sí. Supongo que para aquéllos que conocéis algo del escritor francés es una obviedad que diga que hay mucho de autobiográfico en este libro. Y mucho de rencor hacia su madre. Es curioso, pero la figura paterna es un algo casi accidental, irrelevante diría yo. El origen de las miserias es ella; la que abandona es ella, la que hace sufrir es ella. Freud se frotaría las manos leyendo el libro porque, paralelamente, hay algo de misoginía en el francés.

Janine Ceccaldi es la encarnación del carpe diem. Guapa, liberal, eterna víctima del síndrome de Peter Pan y de su propio hedonismo. Incapaz de asumir el paso del tiempo y de establecer relaciones afectivas estables; especialmente con un hijo, por la enorme dependencia que ello supone. Inmadura, pseudo intelectual, vividora y con dinero, lo que al final de la vida puede convertirse en un instrumento para continuar rodeada de juventud, de esa juventud que irremediablemente se ha ido.

Bruno Clément, el mayor de los hermanos, muestra un desapego absoluto respecto de sus padres desde muy pequeño, lo que puede resultar extraño ya que los niños suelen conformarse hasta con las migajas de afecto en esa edad en la que los padres lo son todo y son, aún, perfectos. Tiene como único referente emocional a su abuela, pero le falta demasiado pronto y aprende, también demasiado pronto, en qué consiste la jungla de la vida. Aunque le pese, Bruno tiene mucho de su madre. Misógino, obsesionado con el sexo (el único modo que conoce de relacionarse con las mujeres) y a la vez víctima de una enorme inseguridad agudizada por el tamaño de su pene, lo cual resulta lógico si tenemos en cuenta que esas mujeres son para él poco más que fuentes de placer físico, por usar un término correcto; en realidad, son un par de agujeros y, sobre todo, una boca. Creo que en el fondo les tiene miedo o, más aún, pánico.

Michel Djerzinski es otro solitario. Una especie de caracol pseudo genio que renuncia demasiado pronto a la felicidad y casi a la vida. El sexo es para él un trámite asociado a una edad y a un estado hormonal que ve alejarse podría decirse que con alegría. Se priva a sí mismo de aquéllo que quiere porque al tiempo se considera incapaz de amarlo. Pero eso no le libra del sufrimiento; simplemente lo resigna al mismo.

Houellebecq dedica un ímprobo esfuerzo a situarnos en el entorno preciso en el que se desarrolló la infancia de los hermanos. Precisamente porque ahí se encuentra la explicación al cómo son Bruno y Michel hoy y al cómo han transcurrido sus respectivas vidas. Ellos, en definitiva, no han elegido nada. Las cosas, simplemente, no podían ser de otra manera. En este sentido, Las Partículas Elementales es casi un tratado de sociología. El escritor francés desmenuza con absoluta precisión la evolución del pensamiento, de la cultura y hasta de la ciencia en los años en los que transcurre su libro. De hecho, la ciencia tiene un papel fundamental a través del personaje de Michel. El libro está lleno de continúas reflexiones y exposiciones más o menos inteligibles pero que siempre encajan en la historia. Al igual que ocurre con los experimentos, el devenir de los acontecimientos resulta predecible.

El francés nos enseña una sociedad fría, materialista, marcada por el individualismo y por una exaltación enfermiza de la juventud, el sexo y la belleza. El mundo es un lugar donde la felicidad es algo casi inalcanzable o, cuando menos, efímero, y en el que los seres son casi autómatas incapaces de comunicarse. El cómo nos lo enseña es otro cantar; escéptico, provocador, cínico, casi cruel; en ocasiones mordaz y permanentemente incómodo. Las Partículas Elementales, que contiene pasajes que muchos calificarían de pornográficos, hace que te remuevas en el sillón. Y eso me gusta.

Sobra decir que Houellebecq es un escéptico en lo que a las relaciones de pareja se refiere. Sus personajes son incapaces de entregarse a nadie ni de abrirse del todo a nadie. Individualismo como principal síntoma de una sociedad enferma en la que los seres que la componen forman un grupo extraño y heterogéneo. Los escasos momentos de “relajación” que encontramos en Las Particulas Elementales son un puro espejismo. El escritor no hace ni una concesión a aquéllos que gustan de lo amable. Pero engancha. Y deja un sabor amargo. Quizás porque en este libro encontramos mucho de lo que nos rodea y quizás algo de nosotros mismos.

Esta vez no puedo transcribiros ningún pasaje porque he prestado el libro antes de tiempo, me temo. Así que no habrá en este post pruebas escritas del incorformismo y de esa acidez rasposa e hiriente que lo ha dado a conocer. En todo caso, abstenerse los fans de los finales made in Hollywood.

Hoy viernes empiezan mis vacaciones. Aún no sé si me iré con el portátil o si directamente me desconectaré hasta la vuelta. En todo caso, en un momento u otro os contaré a qué he dedicado mis momentos de lectura que espero que sean muchos y provechosos.

Felices vacaciones (o al menos lo que queda de ellas). Y muchas gracias. Por lo de siempre.

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2 comentarios el “Antes de El Mapa y el Territorio

  1. Tas dice:

    Es curioso lo del “Determinismo”. Desde un punto de vista filosofico nunca lo he sido, puesto que, hasta ahora, he sido un firme defensor del libre albedrío, pero a la luz de multiples de las investigaciones sobre genetica que surgen ultimamente, ultimamente me pregunto hasta que punto somos condicionados por nuestra naturaleza. Es decir, cuanto de “máquinas electroquímicas hereditarias” tenemos. Me doy cuenta de nuestra naturaleza autoconsciente que nos permite darnos cuenta de lo que somos y como somos, y en ese sentido me pregunto si esa libertad es solo un espejismo ante la imposibilidad de luchar contra nuestra naturaleza “genetica”. ¿Que hace que estos hermanos sean diferentes, las elecciones personales ante las encrucijadas que dia a dia la vida les plantea, o las orejeras que su “naturaleza genetica” sutilmente les impone limitando sus elecciones vitales? Ahondando más en la paranoia existencial, ¿son todas esas chispas cerebrales inducidas por lo que nuestros genes nos dicen que es lo que hay que hacer? ¿Existe realmente la voluntad o, hasta cierto punto, simplemente somos pasajeros en nuestro propio cerebro? Parece tomado de una novela de Philip K. Dick.
    Según esto, la vida sería como una especie de juego de azar en el que te mueves con unas cartas ya dadas de antemano y lo único que importa es contra quien las juegas. Un “choque” de azares geneticos. De ahí que la vida nunca se repita del todo de padres a hijos.

    Curiosamente, el titulo del libro hace referencia a las particulas elementales y todos sabemos como se descubren estas, haciendolas “chocar” unas con otras con un “colisionador de muchos Euros” en forma de O(jo) ….(el Dios de las particulas que las trae a la vida).

    • Dianaorsini dice:

      Me lo pones difícil como primer comentario tras las vacaciones…
      Supongo que ninguno de nosotros tiene una respuesta clara. Supongo también que es determinante lo que llaman fenotipo que alude, precisamente, al resultado de la interacción del genotipo con el ambiente.
      Creo que podemos quedarnos con un poco de las dos cosas aunque me temo que lo que llevamos en la sangre nos marca desde que nacemos. Pero creo que tanto o más nos marca el ambiente en el que nos desarrollamos. De este modo, nuestro “yo” y nuestra forma de actuar serán el resultado de combinar ambas cosas más la suma de experiencias que acumulemos. Ni siquiera los mellizos “monocigóticos”, (creo que se llaman así), a pesar de ser idénticos, actuarán siempre de idéntica forma. Este abre una puerta a la esperanza, ¿no crees?. Prefiero pensar que tenemos un pequeño margen de actuación con independencia de que nuestra “carga” genética nos “limite” dicho margen.
      También imagino que muchos de los caracteres que heredamos son meras predisposiciones, inclinaciones o, en definitiva, perspectivas o posibilidades. De nosotros dependerá, en gran medida, si llegan a desarrollarse o no. ¿Mozart hubiera sido Mozart naciendo en una familia de campesinos en medio de la nada?. Quizás, pero muy difícil. Tampoco lo hubiera sido sin esa genialidad que sin duda nació con él. Al igual que, por mucho que yo me empeñara, ninguna de mis hijas compondría algo que se acercara a La Flauta Mágica ni por casualidad.
      Así que de algún modo nacemos, efectivamente, con unas cartas repartidas. Pero el desarrollo del juego es, de algún modo, imprevisible. Y cada uno tendrá una estrategia diferente y unos compañeros de mesa distintos.
      El libro como os he dicho, tiene michos pasajes “científicos” que siempre encajan a la perfección. Algunos los he entendido; otros no tanto. Pero da igual. Me han entusiasmado.
      Me alegro mucho de leeros otra vez tras las vacaciones.
      Muchas gracias por el comentario y, sobre todo, por seguir aquí.
      Un abrazo.

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