Lo general y lo concreto

La frialdad de las cifras tiene el efecto perverso (y aliviador) de alejarnos de la realidad. Lo general, por definición, siempre nos resulta más extraño, más lejano. Lo concreto, por el contrario, nos toca más cerca.

Quizás el ejemplo más claro de lo que digo sea el referido a las cifras de víctimas. Llega un momento en el que la cabeza, y quizás el corazón, se abstraen y toman distancia de los efectos de las grandes tragedias que los hombres hemos sufrido a lo largo de los siglos. Ya sea por los caprichos de la naturaleza, ya sea por nuestros propios caprichos o por nuestra siempre presente vanidad.

Las cifras de muertos de la Segunda Guerra Mundial consiguen abrumarnos: 40, 50, 60 millones de muertos; quizás 70 u 80. Como si 10 millones arriba o abajo no importaran. Parece que suena más o menos igual. Y dentro de ese desfase absoluto de sinrazón empezamos poco a poco a concretar: 25 millones en Rusia, unos 13 en China; si descendemos un poco más nos encontramos con los más de 200.000 muertos en Hiroshima y Nagasaki, quizás las más crueles demostraciones de poder omnímodo que forman parte de nuestra historia. Pero no es éste el sitio para hablar de eso. O sí. Pero desde una perspectiva literaria. Hiroshima (Ed. Debolsillo, 2ª Ed. marzo 2011) es el libro que me ha llevado a estas reflexiones. Tristemente, no es una novela de ficción, sino un artículo publicado en la revista The New Yorker escrito por el Premio Pulitzer y corresponsal del Pacífico durante la Gran Guerra, John Hersey, convertido en libro.

Hiroshima es lo contrario a la generalidad. Lo contrario a la absurda y estéril empatía, universal y enfermiza, que a veces sufrimos. Hiroshima pone nombre y apellidos a la tragedia, a las víctimas, al sufrimiento. Y eso es, precisamente, lo que lo convierte en espeluznante. Las vivencias de los seis personajes que componen este relato son capaces de hacernos atisbar lo que debió ser aquel infierno. Otro de esos libros que debería ser de obligada lectura, sobre todo en una parte del mundo en la que la industria del cine americano ha vendido a lo largo de las décadas la versión parcial de esa guerra que han querido enseñar: los japoneses son los bárbaros que atacaron sin piedad Pearl Harbour. Se olvida que el castigo fue brutal, tremendo. Dos bombas (por llamarlo de alguna forma) lanzadas sin piedad sobre poblaciones llenas de civiles y niños, cuyos efectos, físicos y psicológicos, aún hoy perduran. Otra forma de holocausto.

Hiroshima no tiene absolutamente nada de novela. Es narración real pura, directa, dura, pero a la vez humana. En ningún momento a lo largo de la lectura de sus páginas se pregunta uno de dónde han salido esas historias. Es evidente que fueron reales; quizás porque Hersey no se ha detenido en ese detalle o en esa frase en las que sin dificultad se adivina que el escritor ha añadido algo suyo a la trama. Son páginas impresionantes; todas ellas. El libro comienza con el estallido de la primera bomba y a partir de ese momento nos narra cómo se vivieron esos primeros momentos de absoluto caos. Los primeros instantes en los que se pensaba que lo que había caído del cielo era una bomba más. Y las horas posteriores, en los que poco a poco los supervivientes se van dando cuenta de la dimensión del desastre mientras comienza a llover una extraña ceniza del cielo. Aunque siguen sin entender absolutamente nada. No es de extrañar; aún hoy, a muchos nos resulta incomprensible.

Algo parecido a una película de zombies debió resultar ese dantesco desfile. Silencio, gente en harapos o desnuda; gente a la que las quemaduras ha labrado los dibujos de la ropa que llevaban en su propia piel. Decenas, miles de personas deambulando sin saber hacia dónde van, sin saber si están vivos o muertos. Esperando que en algún momento termine el infierno y aparezcan casas en pie, hospitales en pie, gente a la que no haya alcanzado el monstruo. Pero ese lugar no llega: está demasiado lejos, a demasiados kilómetros. Y toda esa gente tiene que convivir, malvivir durante días con la muerte, los lamentos, la sangre, el hedor y la miseria. Solo uno de los protagonistas permanece con su cuerpo intacto: el Sr. Tanimoto. Hersey nos cuenta como los que se cruzaban con él exclamaban !Miren! Uno que no está herido. También nos cuenta el efecto que a Tanimoto le causaba lo que veía alrededor: Como cristiano, se sintió lleno de compasión por los que estaban atrapados, y como japonés se sintió abrumado por la vergüenza de estar ileso, y rezaba mientras corria: “Dios los ayude y los salve del fuego” . […] Durante todo el camino se cruzó con gente terriblemente quemada y lacerada, y eran tales sus remordimientos que se giraba a derecha y a izquierda para decirles: “Perdonen que no lleve una carga como la suya” (pág. 41).

No hay nada más que contar del libro. Supongo que todos creemos conocer esa historia. Pero no es verdad. No la conocemos en absoluto. Hersey nos cuenta cómo la vivieron algunos. Pocos, solo seis; seis hibakushas, como se llamó a aquéllos que sobrevivieron a la explosión y que se convirtieron en una especie de grupo casi maldito, temido por todos y manipulado por muchos. Pero el testimonio de éstos es, sin duda, suficiente para atisbar, aunque sea remotamente, lo que Hiroshima debió ser. Y lo que Hiroshima es aún hoy.

Leédlo, leédlo, leédlo!!!. No suelo decirlo, pero a veces se me escapa. No hay nada blando ni fácil en Hiroshima. Pero consiguió remover la conciencia de muchos. Estoy segura de que aún hoy lo sigue haciendo.

Un obituario dedicado a Hersey y publicado en The New Yorker afirmaba que es posible que Hiroshima fuera “el más famoso artículo de revista jamás publicado” y continuaba afirmando que “si hubo alguna vez un tema proclive a hacer que un escritor fuera recargado y un artículo farragoso, ése era la bomba de Hiroshima; pero el reportaje de Hersey fue tan meticuloso, sus frases y párrafos tan claros, serenos y contenidos, que el horror de la historia que tenía que contar nos resultó especialmente espeluznante”.

Antes de despedirme quiero mandar un abrazo a un amigo que pasa por uno de esos momentos que nadie querría vivir y que nadie debería hacerlo. Es muy posible que conozca Hiroshima, porque devora todo lo que se refiere a la II Guerra Mundial. Es de esos que no se conforma con que los demás le cuenten lo que pasó. Afortunadamente, aún nos quedan muchos momentos para que podamos hablar de esa Guerra (yo, más bien escucharte) y de todo lo demás.

Gracias, por lo de siempre.

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13 comentarios el “Lo general y lo concreto

  1. NINA dice:

    No me lo pierdo. Lo llevaré en mi montón de libros para la playa. Gracias Dianaorsini. Por cierto, alguna sugerencia refrescante y ligerita para el veranito?

    • Dianaorsini dice:

      Acabo de darme cuenta de que a pesar de ser el tuyo el primero de los comentarios a esta post, ha quedado, de forma imperdonable sin respuesta.
      Lo bueno de Hiroshima es que es bueno, barato y pequeño. Como veo que estás en el grupo de los que aún no nos hemos pasado al libro digital (todo llegará), lo de pequeño lo agradecerán tu espalda y tu bolsillo (que cada vez es más caro lo de viajar con equipaje).
      Tengo que pensar un poco en sugerencias para el verano porque últimamente lo que he leído no es que sea demasiado “ligerito”. El de Eloy M. Cebrián es muy divertido y tiene más miga de lo que parece. Pero insisto, es muy peliagudo lo que recomendar libros salvo que se tenga muy muy claro lo que le gusta al de enfrente… me viene de repente a la memoria “Lo que me queda por vivir”, de Elvira Lindo, que me gustó mucho y tiene una extensión muy razonable (y muy manejable). Por supuesto “Purga”, de Sofi Oskanen. Lo leí antes de empezar el blog y por eso no ha aparecido por aquí. Estupendo libro pero poco ligero, me temo. Aunque tiene un argumento que engancha. Lo he regalado un par de veces y he acertado ambas.
      Seguiré pensando… pero no estaría de más que hubiera alguna sugerencia desde el otro lado de la red, ¿no te parece?.
      Muchas gracias por tu comentario.
      PD: me han recomendado hasta la saciedad “Hijos del Ancho Mundo”. Pero de momento no he oído su llamada… es posible que hayas oido hablar. Peso pesado.

    • NINA dice:

      Hola Dianaorsi, ya he vuelto de vacaciones. He leído a Eduardo Mendoza y me he reído a carcajadas.
      Una mezcla genial entre Humphrey Bogart en una peli de cine negro con Mortadelo y Filemón. Divertidísimo.

      Puedo recomendarte un libro monísimo, Firming, de Sam Savage, es ideal. Homenaje a la lectura y a la cultura. Cómo puedes cogerle cariño a una rata asquerosa a lo largo de la novela y hasta respeto!. Me encantó.

      Ya te diré alguno más. Muchas gracias por tu recomendaciones. Espero que ya estés bien de la vista.

      Feliz verano!!

      • Dianaorsini dice:

        Bienvuelta Nina.
        Me alegro de que Mendoza te haya hecho pasar un buen rato. Ayer me comentaba un amigo exactamente lo mismo; que hubo momentos en que casi lloraba de la risa. Y eso que no es (al menos para mí) lo mejor del catalán. Pero siempre es ingenioso y ácido, lo que no es en absoluto sencillo sin caer en el tópico y en el chascarriilo.
        He leído Firmin. Lo leí cuando se publicó, antes de empezar este blog. Recuerdo perfectamente que fue otra de esas adquisiciones aeroportuarias (se me olvida recurrentemente el libro cuando voy de viaje y siempre acabo comprándome uno, a ser posible, de dimensiones razonables). Realmente es un texto curioso y delicioso; otro ejercicio de metaliteratura. Aunque solo sea por su originalidad, merece la pena dedicarle un rato. Creo que es una fábula con todas las letras (de las de siempre, con animal incluído), aparte de, como bien dices, un homenaje al oficio de leer.
        Como toda fábula encierra una “enseñanza”. ¿Cuál es la de Firmin?. Quizás que a través de la lectura podemos llegar a ser “más” persona y a distinguirnos de los demás; quizás Savage quiera enseñarnos lo importante de “alimentar” (nunca mejor dicho) nuestro espíritu; quizás nos enseña que en un ser aparentemente pequeño (y bastante repugnante, por cierto), podemos encontrar grandes cosas…cada uno que busque entre sus páginas la que más le guste.
        Hablando de libros “pequeños”. Me viene a la cabeza “La Delicadeza”, de David Foenkinos. Otra de esas adquisiciones accidentales que hoy recuerdo porque la van a llevar al cine y que, en su día, cumplió su cometido.
        A mí, aún me quedan un par de semanas para las vacaciones. Pero todo llegará.
        Muchas gracias por tu comentario.

  2. Tas dice:

    Homo homini lupus. Es lo primero que me viene a la mente, y curioseando mas sobre el tema encuentro que la frase original no es de Thomas Hobbes como yo pensaba sino de el comediografo romano Plauto. Y más aún, la frase completa es “Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro” y que fácil es no querer conocerlo cuando ello nos beneficia. Cerrar los ojos a la penuria humana es la forma mas sencilla, cerrar el corazón es la que usamos cuando nos abren los ojos a la fuerzase y nos meten las imagenes por los noticiarios (bendito mando a distancia). Las excusas, la justificación, apartar la mirada, algo que proteja nuestra “inocente” conciencia de la barbarie de otros. La guerra es un sinsentido que está en la naturaleza humana, la territorialidad y todo eso que los cientificos llevan estudiando de nuestro cerebro reptiliano. Por otro lado, no se puede negar la dualidad de la maldad/bondad (sino hubiesemos estado sentenciados desde hacía mucho tiempo). Cuantas veces hemos oido relatos heroicos en los tiempos de mayor necesidad. ¿Quién se acuerda de los técnicos de Fukushima que se enfrentaron a la radiación sabiendo lo que significaba? También eran japoneses. Pero el cerebro es demasiado listo para nosotros. Lo que nos daña, lo elimina, lo que nos satura, lo olvida (y como lo utilizan los políticos), en fin, que lo que no queremos, nos lo quita de delante ….sino como podríamos vivir con esa carga.

    Hiroshima es un necesario ejercicio de autoreflexión. Es un espejo delante de nuestras narices. “Damas y caballeros….hasta aquí llegamos”. Marca una linea como esas que se ponen en las orillas de los rios para ver hasta donde llegó la crecida cada año. y ahí es donde entran los números, 1 millón de muertos, 10 millones, 20, 30… como los muertos en la carretera, cifras que no cuentan las familias destrozadas y vidas truncadas. Necesitamos esas marcas para ponernos limites. Hiroshima es un hito marcado a sangre y fuego (nuclear) que ojalá nunca lleguemos a traspasar. Hirosima nos muestra nuestra fealdad, Hiroshima nos hace vernos a nosotros mismos como podemos ser. Ahora la pregunta es¿Podemos cambiar?

    • Dianaorsini dice:

      Precisamente de la cita de Plauto hablaba en mi comentario sobre el libro de Faulkner. Para mí también fue un descubrimiento saber que no era de Hobbes y que no era completa. Le faltaba una parte esencial. Como bien dices, lo desconocido. lo que nos es “ajeno”, nos resbala más. Quizás sea un mecanismo de autodefensa. O puro egoismo. El problema está en dónde poner los límites a lo cercano, a lo que nos atañe, a lo que nos debe importar e importunar. ¿Siria está lo suficientemente lejos?. Puede que sí. Parece que sí. Como lo estaba Alemania durante el genocidio nazi; aunque hoy parezca que Alemania está en todas partes. Pero tampoco hay que caer en ese empatía enfermiza de la que hablaba y de la que habló en su momento, muchísimo mejor, mi admirado Javier Marías en un excelente artículo que puede que ya haya citado alguna vez pero que no está de más recordar.
      http://elpais.com/diario/2011/11/13/eps/1321169221_850215.html
      Necesitamos cierta capacidad para tomar distancia. Pero también necesitamos no abstraernos del todo de lo que ocurre a nuestro alrededor. Difícil equilibrio, cierto. Y es evidente que hay episodios vergonzantes que son de obligado conocimiento. Que hacen que el hecho de tener razón o no en un conficto (si es que eso existe -me refiero a lo de la razón, obviamente-) sea una cuestión secundaria.
      Aún resuenan en mi cabeza las palabras de Truman “Si después de esto no aceptan nuestras condiciones, pueden esperar una lluvia de ruina desde el aire como nunca se ha visto sobre la Tierra”. Ponen los pelos de punta. Pero claro, todos esos “avances” científicos hacen relativamente fácil laminar al de enfrente. En las guerras antiguas, cuerpo a cuerpo, se tenía, contrariamente a lo que se suele decir, mucho más respeto por la vida. Porque era infinitamente más difícil acabar con la de aquél que tenían enfrente; de hecho, en algún sitio leí o escuché que a los gladiadores se les tapaba la cara para que fueran capaces de matarse en el foso unos a otros. Más distancia, más fácil…
      Hiroshima es efectivamente aquello que nos recuerda lo que no debe suceder. No sé si has leído el libro pero insisto en que es un imprescindible. Me ofrezco a hacértelo llegar. Creo que pulula por la red en PDF pero no sé si en la versión inicial de The New Yorker o en la que yo he leído ya que Hersey le añadió un capítulo final después de contactar con los protagonistas 20 años después de la bomba.
      Muchas gracias por tu comentario.

      • Tas dice:

        Siguiendo con los latinos, Horacio dijo….”In medio stat virtus, quando extrema sunt vitiosa” (La virtud está en el medio, cuando los extremos son viciosos). Los limites nos los marcamos nosotros.

  3. Patricia dice:

    Tienes un modo de explicar los libros que aunque la temática no apetezca nada siempre acabo cayendo, en fin, me has vuelto a convencer, gracias por tus recomendaciones.

    • Dianaorsini dice:

      Las personas leemos por varios motivos que no siempre son coincidentes, si bien el denominador común, suele ser, la búsqueda de entretenimiento. Eso es una obviedad, supongo. Pero más allá de eso, la lectura tiene otras muchas “bondades”. Hiroshima es un ejemplo de ello. Hiroshima, para muchos (quizás para todos) no cumplirá ese objetivo de evasión “amable”. Antes al contrario: su repaso es una obligada bofeteda a la conciencia colectiva, si es que eso existe, lo que a estas alturas empiezo a dudar.
      Entiendo que la temática no resulte atrayente. Al menos atrayente en un sentido “positivo”. Porque hay cosas que simplemente hay que conocer y hay que “aprendeher”. Así, que es probable que después de leerlo te preguntes el por qué de mi insistencia con el libro si no es una novela de esas que te parecen deliciosas y te hacen pasar horas amables. De esas, afortunadamente hay muchas, como la de mi anterior post, sin ir más lejos.
      Hiroshima es una forma de acercarnos a la esencia de lo que somos o podemos llegar a ser. Y encima bien escrito. Muy bien escrito. Perfectamente escrito, diría yo. Como decía el propio NY, hubiera sido muy fácil caer en el dramatismo y lo farragoso. Pero Hersey era periodista y eso se nota, y mucho, en su forma de narrar.
      En conclusión, que no es un libro que busque “gustar”. Al igual que, por ejemplo, la Trilogía de Primo Levi (véase, “Los Hundidos y los Salvados”, sin duda el testimonio en primera persona más impresionante que nuna he leído), trasciende lo literario. Y de vez en cuando hay que poner el mono de faena a las neuronas y a la conciencia.
      Así que ánimo. No admito reclamaciones a posteriori!.
      Muchas gracias por tu comentario.

  4. Re dice:

    Hija mía, q lejos estoy de ti en lo q a la forma de expresarse se refiere, ya t contare en privado el libro q nos vamos a leer Nen, Roci y yo por si te animas, enhorabuena!!!!!!! . Bss

    • Dianaorsini dice:

      Muchas gracias por tus amables palabras aunque me temo que escribir lo que yo escribo no tiene mérito alguno. Solo hacen falta una ortografía y una gramática mínimamente aceptables (lo que hoy en día empieza a parecer mucho, me temo), y a partir de ahi, ganas, muchas ganas de compartir cosas con los demás.
      Lo realmente difícil es conseguir que interese lo que uno escribe y encontrar algo interesante que contar; yo solo os escribo sobre lo que escriben otros. O ser capaz de escribir como Hersey, Faulkner, Marías, Muñoz Molina u otros que han ido apareciendo a lo largo de estos meses en este sitio.
      Unos son más complicados y alambicados, otros huyen de la retórica. Pero todos ellos son escritores; contadores de historias que nos acompañan y nos regalan (bueno vale, nos venden) su talento. Y éste, me temo, se tiene o no se tiene.
      Por supuesto que me animaré a ese libro. Me gusta leer cosas muy distintas y a veces, como siempre, digo, hay que aflojar; con la lectura y con todo.
      Como parece que nos vamos a ver en pocos días, podréis contarme eso y, espero, muchas otras cosas.
      Muchas gracias por tu comentario.

  5. Aliano Devanderey dice:

    Hola Lida!!
    Leeré sin falta. Un abrazo y recuerdos

    • Dianaorsini dice:

      Me alegra mucho encontrarte por aquí!!. Y también que te animes con la lectura. Merece la pena (como decía en otro comentario, no admito reclamaciones). Creo que más o menos he podido explicaros lo que os váis a encontrar. Pero nunca es igual como percibe y recibe una persona una historia a cómo lo hace otra. A mí Hiroshima me ha conmovido. Me ha enseñado. Me ha hecho pensar. Es posible que a otros les cause un efecto diferente. Aún con todo, como véis, me he arriesgado a recomendarlo sin reserva.
      Ayer cenando me comentaban la crueldad de los japoneses para con los por ellos “denostados” chinos. No me sirve. No me sirve en absoluto. Hiroshima se debe leer con otros ojos. Despojándonos de los perjuicios que todos, de forma inevitable, tenemos.
      Así que espero que os “guste”. Que os conmueva. Que os toque.
      Gracias por el comentario.

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