Anotación: la feria del libro y del relato

Pocas horas después de publicar mi última entrada, encuentro un suplemento en El País titulado La Primavera del Cuento. Y claro, me acuerdo de que este fin de semana es la Feria del Libro en Madrid (quien pudiera…) y de la eterna lluvia que suele acompañarla.

NOTA (día 22): me temo que me he adelantado y que la Feria empieza este viernes 25 y termina el 1o de junio. Así que es posible que este año la lluvia le de una tregua. Buena visita a los que os acerquéis a inaugurarla. Posiblemente el día 9 tendré ocasión de acercarme.

Creo que ya escribimos/hablamos del auge de la novela corta y del descubrimiento de la novelle. Resulta que no soy la única persona que se ha percatado de ello, lo que  en realidad no tiene mérito alguno: cualquiera a quien le guste brujulear y pulular por las librerías lo habrá advertido. Pero me gusta encontrarlo en negro sobre blanco. Igual que me resulta curioso que justo después de leer Mal de Piedras aparezca un reportaje en un referente cutural como es, al menos para mí, El País, contándonos las bondades de la novela corta italiana que es, precisamente, la invitada y protagonista de esta edición de la Feria.

Autores y editores coinciden en señalar que el relato corto italiano se adapta como anillo al dedo al convulso momento que vivimos y a la evidente falta de certidumbre que existe acerca de cuáles serán en un futuro inmediato las nuevas formas de leer y escribir (por no decir las de vivir). Sería una temeridad el pensar que el libro, tal y como lo hemos entendido hasta la fecha, es un objeto inmortal. La afirmación de que Italia es una mina de historias posibles supongo que no sorprende a nadie.

Encuentro en el suplemento referencia a libros que he leído, a escritores que conozco, a otros que quiero conocer y a otros de los que nunca he oido hablar. Entre los primeros, más allá de los de siempre, (entre los que incluyo a mi admirado Italo Calvino) la deliciosa Seda de Alessandro Baricco, convertida por Francois Girard en 1997 en una infumable película; la sorprendente y redonda ópera prima de Paolo Giordano La Soledad de los Números Primos o la tierna y crítica Donde el corazón te lleve de Susanna Tamaro.  Entre los segundos, Antonio Tabucchi y su Sostiene Pereira, convertida, esta vez, en estupendísima película por Roberto Faenza (1996) con un inolvidable y siempre grande Mastroianni o la cruenta Gomorra de Roberto Saviano (de la que creo existe una buena adaptación cinematográfica que no he visto), a la que me una peculiar relación “ahora me apetece leerte, ahora no” (de momento, ni la he comprado pero sí ojeado y hojeado muchas veces). 

Mención aparte merece el fenómeno Federicco Moccia. He leído Perdona si te llamo amor, ese título inmortalizado en manos de Iker Casillas por un paparazzi hace un par de veranos coincidiendo con su televisivo beso. No sorprenderá que diga que es un título prescindible. Pero quizás si sorprenda que confiese que me descubro ante alguien capaz de hacer leer con fruición a millones de personas de las cuáles, la mayoría, son casi alérgicas a los libros. Y si Moccia es la puerta de entrada a mucho más, bienvenido sea. Nunca se empieza la casa por la ventana.

De los que no conozco (muchos, me temo) aparecen en grande Natalia Ginzgurg (o Natalia Levi), Carlo Emilio Gadda y Claudio Magrís. Mucho trabajo (y mucho placer) por delante. Lo compartiré con vosotros (D.m.) cuando llegue el momento.

Feliz fin de semana literario.

PD: de paso me entero que tras un nombre como el de Gerónimo Stilton (del que mi hija mayor ha sido devota seguidora) se encuentra una italiana. Lo dicho, las cosas no siempre son lo que parecen.

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4 comentarios el “Anotación: la feria del libro y del relato

  1. srgs dice:

    Eso de que el cuento se adapta a las turbulentas condiciones de la vida actual se lleva diciendo muchísimo tiempo; que el cuento es el mejor género para una época en que apenas tenemos tiempo para leer, también se lleva diciendo. No creo que sean verdad. Es cierto que es bueno leer las grandes novelas cuando se es joven y se dispone de más tiempo, pero, si se quiere, también se pueden leer ya de mayor. Yo lo he hecho con “La montaña mágica”, por ejemplo.
    Me gusta el cuento como género. He traducido a Henry James, he editado una antología del cuento grotesco y otra del cuento norteamericano del siglo XIX, “Pioneros”, pero no me gustan esas razones como las mencionadas arriba para convencer a la gente de que lea cuentos.

    • Dianaorsini dice:

      “En el cuento no hace falta la fortaleza para la larga distancia que exige la novela; no hay tiempo para desalentarse; el final está alentadoramente cerca; el primer impulso no llega a extinguirse. El cuento es una casa prestada en la que se vive una noche, unos pocos días; una ciudad de la que uno se marcha demasiado pronto como para convertirse en residente.
      En la novela se gana por puntos, dice Julio Cortázar: en el cuento hay que ganar por K.O.”.
      A.Muñoz Molina

      A mí también me gusta el cuento. Cada vez más. Y el relato corto. Entiendo que no gusten esas razones para convencer a alguien de que se aficione a ese género. Es que creo que son estériles como tales. Solo eran la constatación de un hecho según afirman libreros y editoriales. Tampoco creo que las grandes novelas haya que leerlas en la juventud. Creo que hay que leerlas, simplemente, cuando a uno le apetezca o sienta que ha llegado el momento.

      Lo que sí creo es que el cuento, el relato breve o similares, sí se adaptan mejor a determinados momentos en que no hay mucho tiempo para leer. Por una razón: al menos a mí no me gusta eternizarme con los libros. Pierden parte de su esencia. La continuidad es, en mi caso, esencial en la lectura. Por eso, si solo se tiene (o solo se quiere dedicar) media hora un día o dos a la semana para leer, me parece más apropiado embarcarse en algo breve que entregarse a una novela, aunque sea espléndida, de ochocientas páginas, que se va a tardar meses en terminar. Pero, obviamente, es una cuestión de gustos.

      También me gusta ese tipo de lectura para los viajes cortos, esos a los que vas sin equipaje y vuelves en el día o al día siguiente. Un par de horas entre avión y aeropuerto y has disfrutado de una historia completa, de principio a fin.

      Uno de mis pendientes es “Demasiada Felicidad” de Alice Munro. Y es que como he escrito al principio, cada vez me gustan más.

      Muchas gracias por asomarte a este sitio y por tu comentario. Me he permitido brujulear por tu blog y como resumen te diré, que no será la última vez que lo haga. Enhorabuena.

  2. Tas dice:

    De vuelta al ruedo leo sobre la discusión entre cuento, novela o cualquier otro género literario y no puedo dejar de pensar en la pintura. Y no puedo dejar de pensar en las grandiosas obras de arte llenas de detalles como el “Jardin de las delicias” del Bosco y en el “divertimento” del esparrago que faltaba de Manet (http://www.musee-orsay.fr/es/colecciones/obras-comentadas/busqueda/commentaire_id/lasperge-18315.html?no_cache=1). Hay algo que es común a ambas al margen de su continente. Al margen del detalle al que llegan, así es como una obra de arte alcanza al espectador. En una mezcla de llamada al intelecto y a los sentidos, en una rara alquimia donde el autor, por razones, unas veces conscientes y trabajadas, otras fruto de la “inspiración afortunada” llega a la formula de la vida eterna a traves del ARTE. La obra de arte nos llega en forma ligero Septimino de Beethoven o en su 9ª sinfonía, en un soneto o en el MacBeth de Shakespeare. Imagino que cada una tiene su momento y ese depende de fundamentalmente de nosotros.

    • Dianaorsini dice:

      Ya comentábamos un día que la poesía la podemos encontrar disfrazada de muchas maneras distintas. Lo mismo la estética, la belleza y el Arte. Todo es lo mismo. Se trata de encontrar algo capaz de conmovernos, de emocionarnos. Ese es el denominador común del que hablas; los Humanistas lo entendieron muy bien.
      Y claro, nuestro estado emocional es variable, como lo será, inevitablemente, el efecto que en un momento u otro causen esos estímulos.
      Has rozado mi fibra sensible con El Bosco; de lo que he visto (no mucho, la verdad) es la obra pictórica para mí más inmortal y más universal. En unos cms de tela se concentra todo lo que es la Humanidad. Todo lo que es la vida. Nunca terminas de verlo del todo; siempre que te fijas, descubres un detalle nuevo. Es impresionante. Sería algo como… ¿la novela perfecta?.
      La historia del espárrago no la conocía. Es genial. Como lo es el pintor. Una forma radicalmente diferente de enseñaros el mundo y de emocionarnos. No puedo elegir: me quedo con todo.
      Creo que para cada libro hay que buscar el momento adecuado (sin duda lo tienen, como casi todo). Mañana me marcho cuatro días con amigas de vacaciones. No es un momento para llevar algo denso y largo. Imposible leer mucho, se imponen otras cosas también muy placenteras.
      Me alegra leerte por aquí.

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