La cosa principal

Mal de piedras (Milena Agus. Ed. Siruela, 2008) es un relato sorprendente. De esos que uno empieza sin saber lo que se va a encontrar y resulta que encuentra algo más de lo que esperaba. Quizás no al principio, porque sus primeras páginas hacen pensar a uno que ya ha leído cosas parecidas; me ha recordado a las novelas de Isabel Allende o Laura Esquivel que en su momento ocuparon mis horas de lectura aunque tengo que decir que a día de hoy, mis gustos van por otros derroteros.

Es una de esas historias en las que los personajes femeninos parecen inundarlo todo. Universo matriarcal que suele aparecer envuelto en un halo de misterio, magia o como quiera que se llame. Las mujeres de estas novelas nunca son mujeres sin más, siempre aparecen “tocadas” por una especie de “don divino” que las situa casi por encima de lo humano. La protagonista de Mal de Piedras tiene algo de todo eso. Será su nieta quien nos narre su historia y quien nos desvele un final que le da sentido a todo el relato y que lo hace aún más diferente a todos los que en un principio me recordaba.

Abuela (así se refiere a ella, con mayúscula) fue una niña peculiar. Obsesionada con encontrar un amor que no llega y que ella adivina en cualquiera que se le acerque. Tan deseosa de querer y ser querida, con una idea tan sumamente idealizada, intensa y apasionada de la pareja que es incapaz de distinguir los sentimientos. El libro nos cuenta como tras un primer encuentro acosaba con cartas casi obscenas a sus hipotéticos pretendientes, los cuales huían despavoridos. Esa fue su vergüenza: aunque todo quedara en papel. Y de su vergüenza nació su locura y de su locura su propia autodestrucción. No es la primera vez que me encuentro con una mujer que utiliza el autocastigo físico como forma de catarsis; me vuelve otra vez a la memoria La Pianista, esa película de Haneke que tanta angustia y soledad transmite. Aunque Abuela no llegue a tanto; pero se le acerca.

 Su locura pesa como una losa en la familia. Mientras ella siga en casa, encerrada y atada cuando no hay otra forma de controlarla, la felicidad del resto parece imposible. Por eso la casan. La obligan a casarse con un viudo que la conoce, que sabe todo de ella y aún así la acepta sin quererla, en pago de una deuda de la que nunca se nos contará nada. A partir de ahí nace una relación extraña entre la pareja y a partir de ahí Mal de Piedras se desmarca de toda esa literatura amable y “buenista” que citaba. El sexo se convierte en el eje central (y puede que único) de la pareja. Aunque aquí nos encontramos con un problema: en realidad no sabremos si llegan o no a quererse. Porque la narradora solo conoce la historia a través de Abuela y Abuela deforma su propia realidad y la describe como ella la ve, a través de ese caleidoscopio de locura que ni ella misma es capaz de manejar.

Mal de Piedras es además la enfermedad del riñón que Abuela sufre. Enfermedad que según ella misma la lleva a perder los hijos que espera una y otra vez. Y que la lleva también a una especie de Balneario donde conocerá al Veterano; por fin su alma gemela. Por fin a quien entregarse. Por fin aquél que le descubrirá “la cosa principal”. Aquél a quien con el tiempo buscará de forma desesperada. Aquél por quien se sentirá culpable por no querer a quien debe. Y del argumento no puedo contar más porque destriparía la esencia del relato.

Mal de piedras nos habla de la pasión, del amor, de lo estéril de empeñarse en amar a quien no se ama aunque sea la persona a la que se deba amar. También de lo peligroso de idealizar los sentimientos, de la culpa, de la espera, de la soledad.

Mal de piedras es un relato que nos habla de que las cosas no son lo que parecen ni lo que nosotros queremos que sean. Las cosas, simplemente, son lo que son.

Muchas gracias. Por lo de siempre.

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4 comentarios el “La cosa principal

  1. Muriel Fantin dice:

    ¿Quién tradujo el libro?

    • Dianaorsini dice:

      La traducción del italiano es de Celia Filipetto. Tengo que poner en los posts el nombre del traductor, tienes toda la razón.
      Un abrazo y gracias por aparecer por aquí Muriel.

  2. LAS dice:

    Un par de sensaciones a cerca de tus comentarios:
    Me ha encantado y sorprendido el libro que nos recomiendas.
    Me gustaría hacer un cometario respecto a lo que apuntas de que el sexo se convierte en el eje central (y puede que único) de la pareja.
    Es curiosa la subjetividad con la que cada uno entendemos lo que nos dicen. A mí este hombre me ha transmitido ternura a pesar de la frialdad con la que se describe, y me da la impresión (o se me ha antojado) que es la única forma en que ella le deja participar de su intimidad, él es un mero observador que espera pacientemente a que ella le permita acceder a su interior, (ella es la que siempre toma la inicitavia) y se conforma con el interior físico con la esperanza de abrir un corredor hasta el psíquico.
    En cuanto a este otro comentario:
    “……. Tan deseosa de querer y ser querida, con una idea tan sumamente idealizada, intensa y apasionada de la pareja que es incapaz de distinguir los sentimientos.”
    Me imagíno a “Abuela” leyendo de joven novelas de Jane Austin…… Cada vez me convenzo más de lo dañino que es para las mujeres esa necesidad que tenemos de alimentarnos con películas y libros de amores ideales, recuerdo la tremendamente lacrimógena película de Kevin Costner “Mensaje en una botella”, de amores idealizados, porque son ideales, pero no reales ¿o sí?. Esas pelis que hacen que te plantees en algún momento de tu vida que con la cantidad de gente que hay por el mundo ¿porque no habrías de encontrar alguien con el que te complementes como un puzzle y te haga sentir en una nube durante todos los días de tu vida?.
    En fín, un libro muy recomendable con un final que te hace pensar. Gracias por la recomendación.

    • Dianaorsini dice:

      ´Va a ser difícil contestar a tu comentario sin destripar parte de la esencia del libro. Así que quien haya pensado leerlo, que se abstenga de continuar haciendo lo propio con este comentario…
      Me temo LAS que lo que tú ves en el marido de la protagonista es lo mismo que ve ella. Y creo que poco o nada tiene que ver con la realidad.
      Puede que Milena Agus haya jugado algo (con éxito por lo que veo, porque nuestras percepciones son bien distintas) a confundir lo que es “real” y lo que es producto de la imaginación de Abuela. Pero no debemos olvidar que la historia se conoce a través de ésta y por tanto, nos es contada a través de sus ojos y sus palabras. Es decir, en mi opinión, ella “nos cuenta” que ofrecía a su esposo el sexo como única vía de comunicación y que él se aferraba a esto por ser lo único que podía obtener de ella, como único modo de acercamiento. La otra versión, menos amable pero para mí más coherente con la historia, es que él se había casado con ella porque tenía que hacerlo. Pero que descubrió que le había tocado la lotería en lo que a la cama se refiere (que no es poco). Y que no quería ni buscaba en ella nada más.Caso contrario, hubiera sido inevitable algún intento de acercamiento. Pero en fin, son puntos de vista…
      Respecto a lo segundo… difícil lo pones. Creo que esas lecturas (como cualquier otra) solo son perniciosas para los que no saben (o no sabemos, que a lo mejor formo parte de ese grupo y yo sin saberlo) distinguir realidad y ficción o creen que las cosas son de color de rosa. Ahora bien; eso no quita para que no crea, es más, para que esté convencida de que sí es posible encontrar la pieza que falta en el puzzle. Eso no significa necesariamente paz de cementerio eternamente ni ausencia absoluta de conflicto. Pero sí significa saber en todo momento que lo que tienes al lado es lo que quieres. Simplemente porque no echas en falta nada de lo que hay fuera y no te preguntas si habrá algo mejor. Pero también es una opinión.
      Gracias por el comentario y me alegra que te animaras a leer el libro y que te haya gustado.

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