El Quijote catalán

A Eduardo Mendoza lo descubrí hace muchos años y muchos libros. Y, aún hoy, Sin Noticias de Gurb sigue siendo el libro que más me ha hecho reír. Y cuando digo reír me refiero a reír a carcajadas, con lagrimones, dolor abdominal y sensación de que tu vecino de autobús debe pensar que estás fatal. Solo a una mente como la suya se le ocurríría crear a un personaje extraterrestre que viene a nuestro planeta a buscar un compatriota perdido que pulula por ahí encarnado en Marta Sánchez.

A partir de ese descubrimiento he leído prácticamente todas sus novelas; de hecho, creo que me faltan solo dos y una de ellas es, curiosamente, el Premio Planeta de hace un par de años.

La verdad sobre el caso Savolta es, probablemente, mi preferida. Pero los buenos ratos que me hizo pasar el detective sin  nombre de su trilogía, podríamos decir, del disparate, compuesta por las geniales El Misterio de la Cripta Embrujada, El Laberinto de las Aceitunas y la, a mi juicio, algo más floja La Aventura del Tocador de Señoras, me han hecho contraer una deuda impagable con el escritor catalán. Una Comedia Ligera no le va a la zaga. Por eso, el resurgir de aquel detective en su última obra ha sido una tentación imposible de controlar.

Todos los que conozcáis la obra de Mendoza sabéis de sobra de lo que hablo. (o mejor dicho, escribo). Esa particular forma de contar las cosas, a modo de sátira en la que, sin embargo, siempre hay un poso amable. Ese lenguaje lleno de giros ingeniosos, de dobles sentidos, a través del cuál se adivina sin esfuerzo un conocimiento profundo de nuestra lengua. Porque Mendoza es un escritor auténtico, un literato, diría yo. Con independencia de que sus historias sean más o menos rocambolescas (que sin duda lo son), creo que su forma de escribir está a la altura de los mejores; y es que Mendoza es de los mejores.

Alguno se preguntará qué hay de nuevo en El Misterio de la Bolsa y la Vida. La respuesta es que hay, y mucho, aunque hay momentos, sobre todo al principio, en los que se tiene la sensación de leer más de lo mismo si bien “eso mismo” es la esencia del autor catalán que tanto nos gusta a algunos.

Es cierto, haciendo balance de la situación, que parece que no hayamos avanzado, y es muy probable que no hayamos avanzado. Incluso es posible que hayamos retrocedido, cosas ambas difíciles de determinar cuando no se conoce el punto de partida ni el objetivo último de nuestro caminar. Pero también puede darse lo contrario, es decir, que hayamos avanzado sin darnos cuenta. Bien es verdad que avanzar sin enterarse de que se avanza es lo mismo que no avanzar, al menos para el que avanza o pretender avanzar. Visto desde fuera es distinto. Aún así, yo abrigo la esperanza de que este avance, real o imaginario, dentro de poco nos conducirá a la solución definitiva o, cuando menos, al principio de otro avance. (pág. 109). Casi suena a la parodia de Una Noche en la Ópera de los Hermanos Marx (la parte contratante de la primera parte…).

Sigue estando presente su gusto por los desarraigados, por los preteridos, por los seres invisibles de nuestra sociedad y de nuestras calles: el hombre estatua, la mujer que se gana la vida tocando el acordeón, la que se dedica a predecir un futuro inventado. Todos son parte de ese universo esperpéntico y delirante en el que se desenvuelve nuestro detective sin nombre (creo recordar que en alguna de las novelas se dice que su madre quiso bautizarlo con el nombre de un actor… pero ahora no soy capaz de concretar más), personaje surrealista donde los haya, que sigue siendo “adicto” a la Pepsi-Cola (ahora insiste mucho en el Magnum) y que de forma invariable se encuentra metido hasta las trancas en las situaciones más inverosímiles.

El Misterio de la Bolsa y la Vida es al tiempo una novela detectivesca, si bien al estilo peculiar e inconfundible del autor. Tiene todos sus ingredientes: un desaparecido, un complot, testigos, cómplices, policía… A su manera y en su estilo. Quizás a algunos os parezca que no está a la altura de sus antecesoras -y, efectivamente, yo también creo que no lo está- pero lo que está fuera de duda es que Mendoza no ha perdido un ápice de ingenio. Es más, ha sabido actualizar el contexto en el que se desenvuelve nuestro hombre y El Misterio de la Bolsa y la Vida nos habla, como toca en estos tiempos que vivimos, de crisis, de bazares chinos, de inmigración, de desarraigo., de mediocridad de la clase política y de mucho más. Se atreve incluso con el terrorismo internacional. Todo visto a través de ese espejo que deforma la realidad sin dejar de reflejarla: unos optan por mostrarla más negra, dejándose llevar por un pesimismo existencial que parece ser la plaga de nuestra era; otros prefieren ignorarla y contar historias que nos hagan olvidarla por unos instantes. Mendoza elige un camino difícil y nos dice “aquí la tenéis: conocerla, entenderla, asumirla, implicaros en ella. Pero ser capaces de reiros de vosotros mismos y de lo que os rodea”. Como si fuera fácil.

En este contexto, el personaje del abuelo Siau, del bazar chino, sirve a Mendoza como altavoz para su crítica,a veces burlesca (-Disculpen molestia -dijo inclinándose hasta dar con la frente en las rodillas-. Esta semana he de practicar canciones populares para inmersión lingüistica. Pág.145), y otras no tanto:

Durante siglos tuvimos dominación extranjera y pasamos hambre que te cagas. Ahora hemos sabido aprovechar oportunidad y nos hemos hecho amos de medio mundo. Ha sido triunfo de realismo sobre fantasías, de humildad sobre arrogancia. Occidente está en crisis y causa de crisis no es otra que arrogancia. Mire Europa. Por arrogancia quiso dejar de ser conjunto de provincias en guerra y convertirse en un gran imperio. Cambió moneda nacional por euro y ahí empezó decadencia y ruina. Occidentales son malos matemáticos. Buenos juristas, buenos filóofos, mentalidad lógica. Pero números no son lógicos. Lógica está supeditada a criterior morales: bueno, malo, regular. En cambio números son sólo números. Ahora europeos no saben cuánto dinero tienen en el banco ni cuánto valen cosas. Gastan sin ton ni son, se hacen lío y piden crédito a Caixa. (pág. 159).

Lo cierto es que el personaje de Mendoza me recuerda al Quijote o, mejor dicho, a lo que recuerdo del Quijote y a lo que me ha llegado del personaje durante los años transcurridos desde la lectura del libro de Cervantes. Siempre empeñado en empresas imposibles que a veces bordean lo surrealista. En El Enredo de la Bolsa y la Vida nuestro personaje se entera, prácticamente por casualidad, de que se planea atentar contra Ángela Merkel durante una visita de la Canciller a Barcelona (ciudad omnipresente en la obra de Mendoza) y pone todo su empeño en impedirlo. La última parte del libro es delirante, sin duda la mejor; ahí es donde encontramos lo atractivo, absurdo, irónico, ácido -pero no agrio- que salpica todas las historias del detective. Pero al igual que Cervantes, Mendoza ha decidido ceder el protagonismo de sus novelas a un antihéroe. Antihéroe que muchos tildan de loco pero que quizás no lo sea tanto. Antihéroe a través del cuál el escritor nos enseña lo mucho de cutre y casposo que aún queda en nuestra España.

Como dice el escritor, el humor es el lenguaje del desencanto. Desencanto hacia lo que nos rodea, hacia lo que nos ha tocado vivir. Supongo que por eso de algún modo se identifica él mismo con Alonso Quijano. Quizás el detective sin nombre sea un trasunto del propio Mendoza.

http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/mendoza/articulo1.htm

Muchas gracias. Por lo de siempre.

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2 comentarios el “El Quijote catalán

  1. Álvaro dice:

    ¡Hola Diana!
    Algunos bloguistas de antoniomm te echamos de menos, así que he venido volando, un momento apenas, para traerte un saludito. ¡Hola Diana! Hasta luego.

    • Dianaorsini dice:

      Muchísimas gracias Álvaro!!!. La verdad es que estas últimas semanas no tengo ni un minuto. Lo justo para leeros de vez en cuando a toda prisa pero sin poder siquiera intervenir. A ver si en estos días mejora un poco la cosa que lo echo de menos!!!. Un abrazo.

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