Memoria visual

«Leer a Don DeLillo me provoca siempre la envidia de un estilo limpio, contenido, de una naturalidad que tiene de fondo el silencio y la monotonía. Tuve la alegría de entrevistarlo hace unos años, en una oficina más bien neutra de una agencia literaria, en un piso muy alto de la Tercera Avenida. Era un hombre modesto y cordial, serio, de sonrisas breves, de respuestas que parecían a punto de continuar y quedaban interrumpidas por un silencio más de timidez que de sequedad o arrogancia. Antonio Muñoz Molina http://antoniomuñozmolina.es/2011/11/don-delillo/

Hace muchos años ya que ví El Gran Dictador, la genial película de Chaplin. Curiosamente, en mi memoria aparece como una película muda, cuando lo cierto es que no lo es. Supongo que ello es fruto de la inevitable asociación que se hace del director y actor con el cine “no sonoro”. Supongo que también es fruto del hecho de que la memoria visual sea mucho más potente que la auditiva (¿quién no recuerda la escena del dictador jugando con un globo terráqueo?).

Ha sido la protagonista de Fascinación (Don DeLillo, Biblioteca Formentor, Editorial Seix Barral, enero 2012) el personaje que ha hecho que me percate de mi error, precisamente, porque le ocurre lo mismo.

Fascinación es un libro con una trama original y, podríamos decir, atrevida. Gira alrededor de la supuesta existencia de una película pornográfica rodada nada menos que en el búnker de Hitler días antes de la caída de Berlín, con éste de protagonista.  Fascinación es a la vez una palabra curiosa. De fonética atrayente, al menos para mí, pero con un significado equívoco. En su primera acepción significa “engaño o alucinación” y solo la segunda se refiere a la atracción irresistible en la que supongo todos pensamos cuando la oímos o pronunciamos. Algo de ambas cosas suele provocar todo lo que al nazismo rodea. Y aquí añadimos el ingrediente sexual (que siempre da un poco de morbo, para que nos vamos a engañar) y algo de novela policíaca, mafías, políticos “degenerados”.., en fin un cóctel que me permite augurar un gran “éxito” a su novela. Éxito al menos de esta edición en idioma castellano porque la original es, ni más ni menos, que de 1978.

Pero Fascinación es algo más que ese cóctel que podríamos encontrar en muchos otros libros. Leyéndolo me cuadra perfectamente el retrato que de su autor hace AMM: limpio, natural, contenido. Con un lenguaje sencillo, directo pero con el que al tiempo consigue que el argumento no sea lo mejor del libro; en ocasiones los escritores que tienen en sus manos un argumento podríamos decir, “bueno”, descuidan lo demás. Por eso creo que un libro puede convertirse en un éxito o porque esté espléndidamente escrito, al margen de lo que cuente, o porque cuente algo que sea capaz de atrapar al lector y mantenerlo pegado a las páginas durante horas. En Delillo podemos encontrar las dos cosas en mayor o menor medida. No es común que alguien que tenga en sus manos una trama tan “prometedora”, se preocupe al tiempo de no descuidar otras muchos aspectos del libro:

A Selvy le agradaba esa sensación de transitoriedad. De algún modo, tenía la ventaja de reducir el control sobre uno mismo. Cuando uno vive permanentemente a diez minutos de su propia partida, no puede esperarse de él que siga los mismos preceptos de orden que los demás (pág. 38).

La búsqueda de la supuesta pelicula es la excusa de Delillo para enseñarnos mucho de nuestro propio mundo. Y ya de paso de la sociedad americana. Selvy, personaje al que se refiere la descripción anterior es uno de esos solitarios ex militares que se han convertido en descreídos, desarraigados, con miedo a lo que suponga establecer cualquier vínculo emocional con alguien y mercenarios de lo que toque. Le guerra del Vietnam es un tema recurrente en el libro. Sobre todo por los efectos perversos que tuvo en los que allí estuvieron. Como si hubieran dejado en el campo cualquier atisbo de humanidad que en algún momento hubieran podido albergar. Quizás fuera así.

Lloyd Percival es el otro lado de la moneda. Senador, pagado de sí mismo, carente de escrúpulos y seguramente menos listo de lo que cree. Piensa que la celebridad es un fenómeno relacionado con la mística religiosa. No seré yo quien diga que no tiene algo de razón; la fama saca a la superficie el potencial cósmico de las personas. Obsesionado por el arte pornográfico, se mete en un mundo que cree controlar con su poder pero en el que solo es uno más en busca del tesoro. Tesoro que cada uno busca por un motivo diferente: codicia, morbo, perversión, interés periodístico…

Moll Robbins, la periodista de escasa memoria auditova, es en realidad un elemento con el que los demás juegan o, al menos, lo intentan. Puede que sea el único personaje al que Delillo dota de cierta ingenuidad. El resto, en mayor o menor medida, son parte del engranaje de esa especie de submundo que de repente sale a la superficie y uno descubre que no era algo tan escondido en las profundidades.

Poco a poco la trama se va enredando. Y se van sucediendo los personajes, las historias paralelas que comparten espacio y tiempo en busca de la supuesta cinta (obviamente, no os voy a contar si existe o no). Confieso que he llegado a perderme. Delillo nos sitúa a las puertas de la novela negra y es un lugar en el que no acabo de sentirme cómoda. Pero me gusta su forma de contar las cosas; es un narrador activo. Se acerca y se aleja de los personajes y consigue que todos tengan su razón de ser en la historia. Probablemente los diálogos sean de lo mejor del libro. Pero insisto, no abandona la estética. Y a veces cae en la tentación, que agradezco, de incluir alguna brillante reflexión que no se molesta en hacernos pensar que sea de un tercero.

Por lo poco que sé de Delillo, es uno de los escritores norteamericanos más admirados. Pero no creo que Fascinación sea de sus títulos más representativos. Quizás otra lectura me haga situarlo en el lugar que parece corresponderle.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Llegue/temer/salud/mental/elpepicul/20110605elpepicul_1/Tes

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