Cómo empezar bien 2012

Por ejemplo, con un buen libro. Al menos, eso es lo que he hecho yo con la ayuda de Robert Walser y El Ayudante (Libros del Tiempo. Ed. Siruela, 3ª Ed. 2010).

Walser es uno de esos escritores con una vida ciertamente enigmática; con una vida marcada por una enfermedad nerviosa y hereditaria que le llevó a ingresar a los 55 años, y de forma voluntaria, en un manicomio del que ya no volvió a salir. No obstante, fue capaz de publicar varias novelas y libros de poesía entre 1924 y 1925, los cuáles, según nos cuenta la contraportada del libro, entusiasmaron a la crítica y a los escritores en lengua alemana más importantes de su época.

El Ayudante es la primera novela que leo de Walser; intuyo que no será lo último que lea de él. Con tintes, al parecer, marcadamente autobiográficos, el escritor nos narra una etapa en la vida de Joseph Marti, aquélla en la que se instala en casa del ingeniero Tobler para trabajar, precisamente, como su ayudante. O quizás nos esté narrando en realidad una etapa de la vida de Tobler a través de los ojos de Joseph. Sí, quizás sea así.

Joseph es un personaje algo anodino y, en cierto modo, previsible. Lo suficientemente joven como para dejarse impresionar aún por determinadas cosas, pero lo suficientemente maduro como para saber sacar partido de ellas. Aunque esa madurez está teñida de una cierta indolencia mezclada con un punto de estoicismo. Quizás por eso es capaz de encajar a la perfección en el “universo” Tobler, un “universo” en decadencia que posiblemente sea el reflejo, a su vez, de la decadencia de la propia burguesía.

Joseph es al tiempo un conformista. Asume el hecho de vivir en El Lucero Vespertino (tal es el nombre de la residencia) como una especie de prebenda. Allí donde la comida es excelente, los vinos también; los puros abundantes y el paisaje adorable, no se permite el lujo de proferir la más mínima queja aunque no le sea si quiera abonado su salario. Se considera suficientemente pagado por el mero hecho de tener acceso a aquéllo que siempre le fué tan lejano; reclamar algo le hubiera parecido deshonroso y, cuando menos, desagradecido. Entiende que la única forma en la que puede compensar todo lo que está recibiendo es mostrando una sumisión que raya en lo servil con su jefe y protector. Intenta desempeñar un trabajo inútil de la forma más eficiente posible, pero al tiempo se deja llevar por esa especie de laxitud que parace desprender a ratos El Lucero Vespertino. Desde el primer momento se deja “imbuir” por ese rol de ayudante, buscando de forma forzada una empatía con Tobler que apenas logra rozar. Poco a poco los sentimientos hacia su patrón irán tornándose en cierta condescendencia e incluso, por momentos, en desprecio. Aunque, paradójicamente, parece existir un mínimo de afecto y simpatía hacia Tobler por parte del ayudante, si bien, la relación entre ellos nunca llegará a perder su verticalidad.

Tobler, por su parte, es, de alguna manera, un estereotipo. Sus inventos más o menos extravagantes le llevan de forma inexorable a una ruina económica ergo social a la que únicamente se enfrenta, y ello sin mucho entusiasmo, cuando ya ha sido arrollado por ella. Pero ni en el momento en el que los acreedores aporrean su puerta se ve a sí mismo como un fracasado. Dejando al margen pequeños momentos de lucidez, Tobler intenta vivir como si nada cambiara; su modus vivendi es un derecho adquirido al que no piensa renunciar. Desprecia profundamente a aquéllos que le reclaman lo que es suyo porque entiende que sus objetivos y motivaciones y, en definitiva, su genialidad y su status,están muy por encima de lo mundano. Al tiempo es un hombre colérico, que en algunos momentos deja escapar una ira que, de alguna forma, no es sino impotencia y rabia ante el devenir de los acontecimientos. Es posible que esas demostraciones de carácter sean su forma de preservar la dignidad y  mantener su autoridad ante el resto. A través de ellos canaliza una frustración que no está dispuesto a admitir.

Al tiempo, Tobler es un jefe (más bien amo) que roza la tiranía. Considera a su ayudante casi un privilegiado por trabajar para él. Con frecuencia, se dirige a éste en un tono casi paternal. Pero sin dejar de marcar la distancia que los separa en ningún momento. El ayudante se sienta en su mesa, se bebe sus vinos, disfruta de sus comidas y sus puros, incluso de sus trajes. Pero le será continuamente recordado que nada de eso es suyo y que nada de eso es gratis. A cambio: fidelidad total, trabajo, entrega, eficiencia. Justamente lo que Joseph quiere darle, lo que se obliga a darle y se propone darle, aunque todo sea una tarea vana.

Frau Tobler es el personaje más complejo y críptico de El Ayudante. Como contrapunto a la, en definitiva, simplicidad del propio Tobler, nos encontramos con una mujer que ha encajado y desempeña a la perfección ese papel que se asignaba a las esposas de aquél tiempo, pero que es capaz de intuir y adivinar todo lo que ocurre a su alrededor. Con un toque de frivolidad y superficialidad, y con muchos enteros de capacidad de manipulación. Joseph es casi una marioneta en sus manos; siente auténtica devoción por ella. Frau Tobler habita y gobierna la casa rodeada de un halo de altivez y desdén que sin embargo no tiene reparo en dejar a un lado cuando existe una mínima posibilidad de mantener su posición. En la contraportada del libro se cita que tras su ruina, abandona a su marido marchándose con sus cuatro hijos. Nada de ésto aparece en la novela si bien, puede llegar a intuirse en algunos momentos.

El cuadro lo completan Pauline, la vulgar y “rústica” criada, y los cuatro hijos del matrimonio: Walter, Edi, Dora y Silvi. Curiosamente, Walser otorga a las dos niñas un papel de cierta relevancia en el texto. Dora es una niña preciosa, deliciosa, a la que todos adoran, miman y casi idolatran. Silvi es su contrapunto, su álter ego. Fea, sin gracia, despreciada e incluso detestada, es relegada al cuidado de Pauline, quien no duda en maltratarla continuamente ante los ojos impertérritos de los Tobler. Es, sin duda, el ingrediente cruel de la novela. Solo Joseph parece sentir cierta conmiseración por ella, aunque también calla. Calla casi hasta el final.

Walser nos muestra el mundo de los Tobler de forma íntima. De hecho, prácticamente la totalidad de la novela se desarrolla dentro de la casa, que por momentos parace un reducto aislado y ajeno a todo lo que le rodea. Wirsich, predecesor en el cargo de Joseph, es uno de los pocos lazos que unen la casa con el mundo exterior. Personaje resentido, pero al tiempo contaminado por esa especie de Síndrome de Estocolmo que puede decirse padece Joseph.

El Ayudante, más que una novela, es casi una fotografía. Una fotografía hecha con precisión de cirujano e interpretada con ojos de entomólogo. Los personajes, la casa y el paisaje que la rodea, forman una unidad inseparable. Walser se sirve de la naturaleza, del cambio de estación, del clima en definitiva, para acompañar su narración. Es éste un recurso curioso que el escritor maneja con maestría y le permite ofrecer  al lector pasajes estéticamente intachables. La adjetivación es compleja pero tremendamente efectiva.

Me temo que esta vez me he dejado llevar más de la cuenta por el perfil psicológico de los personajes. Pero no quiero dejar de descubriros que El Ayudante es, al tiempo, un libro lleno de ironía y cargado de pesimismo existencial. Pesismismo que se deja traslucir de forma recurrente en las muchas reflexiones que salpican el libro; pesismismo que quizás sea el preludio de lo que en breve se convertiría la vida del propio Walser. Todo un hallazgo.

A modo de epílogo

2012 tiene pinta de seguir bien, al menos literariamente hablando. Me he autoregalado varios títulos y tengo encargados un par de ellos más. No sé en qué orden los leeré. De momento se han acumulado a, al menos tres, que descansan hace semanas en mi mesilla. Y es que leer es un vicio, pero comprar libros también.

A modo de posdata

He visto que hay dos felicitaciones en los comentarios sin contestar. Sirvan estas líneas para ello y para agradecerlas personalmente

Muchas gracias (por lo de siempre) y hasta cuando queráis.

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Felicitaciones

Hoy no toca escribir de libros. Hoy solo es día de felicitaciones. Y no quería dejar que llegaran las 24:00 de este primer día del año sin desearos a todos que tengáis un estupendo 2012.

También es un día de agradecimientos: por vuestro tiempo, por vuestra atención, por vuestra compañía, aunque sea virtual. Tanto a los que a veces participáis activamente como a los que solo leéis lo que aquí escribimos los demás.

Espero que este año nos traiga a todos algo de lo que buscamos, y que nos traiga, sobre todo, muchos momentos y libros para compartir. Tenemos un día más de lo acostumbrado para ello.

Un abrazo a todos.